martes, 9 de febrero de 2010

SACANDO LOS COLORES DE NUEVO

Primeras evidencias del color de los dinosaurios.



Fuente: wikipedia.es
Artículos relacionados (solo los resúmenes): NatureNews Nature
Foto: Cortesía de su autor. © Julius T. Csotonyi / http://csotonyi.com



Encuentro el la bandeja de entrada de mi correo electrónico algo sumamente interesante hoy, de nuevo, y tras darme su visto bueno (que le agradezco enormemente) el autor de estos dibujos sobre dinosaurios (Julius Csotonyi) vuelve a escribirme. Lo hace para darme a conocer a este "bichejo", Sinosauropteryx prima. Resulta que se trata del primer dinosaurio que presenta evidencias que proporcionan un conocimiento sobre sus patrones de coloración.

Me resultó tan curiosa la noticia anterior (sacar los colores a un dinosaurio) que no me he resistido a buscar algo de información al respecto de este "pionero". Aquí os dejo algo, por si os resulta tan interesante y curioso como a mi.



Sinosauropteryx ("lagarto chino emplumado") es un género representado por una única especie de dinosaurio terópodo compsognátido emplumado, que vivió a mediados del Cretácido (hace 120 millones de años aprox.) en el territorio que hoy es China. Su fósil, extremadamente bien preservado, muestra que Sinosauropteryx estuvo cubierto con una capa de plumas muy simples, aunque una cierta controversia presentó una interpretación alternativa de la impresión filamentosa como fibras del colágenos.


Los fósiles de Sinosauropteryx tiene bandas claras y oscuras alternadas en la cola, lo que puede ser un indicativo de cómo se veía el animal en vida. Las bandas oscuras de la cola estaban espaciadas demasiado uniformemente para haber sido originadas por la separación de las losas fósiles, y presentan pigmentos fosilizados presentes en las plumas. Además, la presencia de plumas oscuras a lo largo solamente parte superior del cuerpo puede también reflejar el patrón del color en vida, indicando que Sinosauropteryx prima tenia una coloración constrastada, oscura en su parte superior y más clara en su superficie inferior, con las bandas o rayas en la cola para el camuflaje.


En enero de 2010 la revista Nature publica un artículo de un equipo de paleontólogos liderado por Michael Benton de la Universidad de Bristol, Inglaterra, y Zhonghe Zhou del Instituto de Paleontología y Paleoanthropología de Vertebrados de Pekín, China. Se trata de de un hito para la paleontología porque son las primeras evidencias demostrables de color en saurios fósiles. Este artículo presenta el descubrimiento en las estructuras plumosas de este fósil de orgánulos productores de color. Los únicos fósiles conocidos hasta este momento con presencia de estos orgánulos productores de pigmentos, llamados melanosomas, habían sido aves. El equipo descubrió dos tipos de melanosomas en la estructura de las plumas del fósil procedente del yacimiento Jehol, provincia de Laioning, en China nororiental: orgánulos en forma de "salchicha" llamados eumelanosomas que hoy se observan en las rayas de las cebras y en las máscaras negras de los pájaros americanos conocidos como cardenales, y orgánulos esféricos llamados phaeomelanosomas, que producen y almacenan el pigmento color rojizo-óxido en algunos halcones y en el cabello pelirrojo humano.


Los fósiles de este dinosaurio terópodo revelan que a lo largo de su cola se alternaban franjas de plumas claras y oscuras. El equipo encontró que las plumas que se desarrollaban en las regiones que aparecen más oscuras en la cola de los fósiles tenían numerosos phaeomelanosomas, lo que indica que fueron de color rojizo-anaranjado. Posiblemente las plumas que crecían en las franjas que han fosilizado en color claro fueron blancas, aunque no se ha podido probar.


El mismo artículo revela que Sinosauropteryx no fue la única especie con plumas de colores. Otro pequeño terópodo, Sinornithosaurus, tenía también pseudoplumas filamentosas con presencia de eumelanosomas o phaeomelanosomas, lo que permite deducir que el color de las aquellas estructuras asimilables a plumas podía ser en unos casos negro y en otros naranja-rojizo.

lunes, 8 de febrero de 2010

"SACAR LOS COLORES" A UN DINOSAURIO

Obtienen, con una fiabilidad del 90%, el supuesto color de las plumas de un dinosaurio.



Fuente: ScienceDialy New York Times EuropaPress Diario Los Andes
Foto: Cortesía de su propio autor. © Julius T. Csotonyi / http://csotonyi.com


Científicos de la Universidad de Yale, han descubierto los vibrantes colores que adornaban las plumas de un dinosaurio extinto hace 150 millones de años, según ha sido publicado en la revista Science.

(Entrad en la página de la universidad y comprobad como tienen el tema en portada.)




A diferencia del trabajo publicado recientemente por China, que dedujo la existencia de dos tipos de pigmentos de melanina en diversas especies de dinosaurios emplumados, el estudio de Science analiza el color que se obtienen en estructuras llamadas melanosomas de un fósil completo de un animal, una hazaña que permitió a los investigadores revelar patrones de color de todo el animal.



De hecho, el análisis de los melanosomas llevado a cabo por el equipo de Yale era tan preciso que el equipo fue capaz de asignar colores a las plumas individuales de Anchiornis huxleyi, un dinosaurio de cuatro alas troodóntido que vivió durante el período jurásico en China. Este dinosaurio lucía un cuerpo generalmente gris, un color marrón rojizo en la cresta y manchas faciales, y plumas blancas en las alas y patas, con partes negras.



Los patrones de color de las extremidades probablemente se usaban en la comunicación y en la atracción de la pareja.



El paso necesario para observar este animal en color, fue posible gracias a un descubrimiento del estudiante graduado en Yale Jakob Vinther, del Departamento de Geología y Geofísica. Vinther estaba estudiando la bolsa de tinta de calamares antiguos y se dio cuenta de que había gránulos microscoóicos característicos comumes en los fósiles, que eran en realidad melanosomas, un orgánulo celular que contiene melanina, un pigmento que absorbe la luz y está presente en los animales, incluyendo aves.



El equipo de investigación más reciente - que también incluyó a científicos de la Universidad de Texas en Austin, Universidad de Akron, la Universidad de Pekín y el Museo de Historia Natural de Beijing - utilizaró los procedimientos que usaba Jakob Vinther, para examinar de cerca el fósil de Anchiornis huxleyi, descrito recientemente , en la provincia de Liaoning, en China. El área ha sido una mina de oro para los paleontólogos y, entre otras cosas, siempre con abundantes evidencias que confirman una vez más la teoría de que los pájaros modernos son descendientes de dinosaurios terópodos.


El esfuerzo del equipo fue financiado por una subvención especial de la National Geographic Society y la National Science Foundation.


El equipo examinó de cerca, 29 muestras de plumas de los dinosaurios y realizaron una medición y localización exhaustiva de los melanosomas dentro de las plumas. Posteriormente, el equipo hizo un análisis estadístico de cómo eran los melanosomas en comparación con los tipos de melanosomas conocidos para crear colores vivos, en particular, usaron datos de aves, recopilados por Matt Shawkey y sus colegas de la Universidad de Akron. El análisis permitió a los científicos poder discernir con el 90 por ciento de certeza, los colores de las plumas individuales y, por tanto, los patrones de colores de un animal extinto.

miércoles, 20 de enero de 2010

BABOSAS FOTOSINTÉTICAS

Una babosa marina que se encuentra a camino entre las plantas y los animales.


Fuente: LiveSicence
Foto: Universidad de Maine Plant Physiology Online La lógica del titiritero



Una babosa marina verde que aparenta ser parte animal y parte planta. Es la primera vez que se observa que un animal es capaz de producir clorofíla, un pigmento típico de plantas verdes.


Parece que las babosas hayan robado los genes que provocan la producción de este pigmento de las algas de las que se alimentan. Con esos genes las babosas pueden llevar a cabo la fotosíntesis, el proceso que usan las plantas para convertir la luz solar en energía que puedan aprovechar.


Según Sidney Pierce, biólogo de la Universidad de South Florida en Tampa; "Pueden generar su energía sin necesidad de comer nada"


Pierce ha estudiado estas criaturas únicas, llamadas oficialmente Elysia chlorotica, durante 20 años. Ha presentado su publicación más reciente el 7 de enero en la publicación anual de la Sociedad de Biología comparativa e integrativa de Seattle (SICB).

Según comentó Pierce a "LiveScience"; "Esta es la primera vez que animales multicelulares son capaces de producir clorofila".


Estas babosas de mar viven en las marismas de Nueva Inglaterra y Canadá. Además de robar los genes necesarios para producir la clorofila, las babosas también roban orgánulos celulares llamados cloroplastos, que utilizan para llevar a cabo la fotosíntesis. En los cloroplastos se utiliza la clorofila para llevar a cabo la fotosíntesis y convertir la luz solar en energía, tal como lo hacen las plantas, eliminando la necesidad de comer alimentos para obtener energía.


Según el autor: "Nosotros los recogemos y los mantenemos en los acuarios durante meses". "Mientras tengamos una luz sobre ellos durante 12 horas al día, pueden sobrevivir sin alimentos."


Los investigadores usaron un marcador radiactivo para asegurarse de que las babosas son realmente productoras de la clorofila a sí mismas, y no sólo las "ladronas" de los pigmentos preparados a partir de algas. De hecho, las babosas incorporan el material genético tan bien, que pasan a las siguientes generaciones.


Estas nuevas generaciones conservan la capacidad para producir su propia clorofila, pero no pueden llevar a cabo la fotosíntesis hasta que no hayan comido suficientes algas como para tener también los cloroplastos necesarios para producir la energía por su cuenta.


Esta actividad de las babosas es toda una hazaña, y los científicos aún no están seguros de cómo los animales realmente adecuan los genes que necesitan.

GRILLO POLINIZADOR

Encuentran por primera vez un grillo que poliniza una especie de orquídea.




Fuente: www.livescience.com
Video: youtube.com www.livescience.com



Cámaras nocturnas sensibles al movimiento han capturado una especie de grillo desconocido en una flor de orquídea arrastrando y llevándose trozos de polen encima de su cabeza en la isla Reunión en el Océano Índico. Es el primer ejemplo conocido de un grillo polinizador de una flor.



El insecto sin alas, recién descubierto es un grillo del género Glomeremus, que fue visto en el video polinizando flores de color blanco-verdoso de la orquídea Angraecum cadetii en la Isla Reunión.



Los grillos suelen comer plantas, no polinizarlas. Y la orquídea pertenece a un género principalmente especializada para la polinización por parte de polillas.



Sin embargo, según Claier Micheneau de los Jardines Botánicos Reales de Kew, "las polillas, que son los principales polinizadores Angraecum en Madagascar no se encuentran en Reunión y hasta que comenzamos nuestra investigación, la polinización de este género en Reunión había sido siempre una cuestión abierta".




Además, existe una estrecha correspondencia en tamaño entre la cabeza del grillo y el néctar de la orquídea para impulsar la apertura.
Para llegar a las flores, que crecen en los árboles, los grillos suben por las hojas de orquídea o saltn a través de las plantas vecinas. Utilizan sus antenas, muy largas, para explorar su entorno.




"Sabíamos que la polinización de las flores estaba teniendo lugar.
Sin embargo, no observamos que se diera durante el día. Es por eso que instalamos una cámara de la noche y se filmó a este grillo en acción ", dijo Micheneau.




Micheneau y su colega Jacques Fournel describen sus resultados en la publicación del 12 de enero de la revista Annals of Botany.

martes, 5 de enero de 2010

VIVIENDO A -60º C

Un escarabajo que sobrevive al frío extremo.



Fuente: info-natura abc.es europapress que.es rtve.es ecologiablog.com
Foto: zin.ru



Investigadores de la Universidad de Notre Dame en Estados Unidos han descubierto gracias a un escarabajo de Alaska que sobrevive a menos 60 grados centígrados una gran molécula «anticongelante» que podría proteger los tejidos biológicos de la congelación a bajas temperaturas.



Los resultados del estudio se publicaron a final de 2009 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).



A diferencia de los anticongelantes que se conocen, que están compuestos por moléculas pequeñas y más eficaces en altas concentraciones, los anticongelantes de moléculas grandes y pesadas evitan la producción del hielo a concentraciones relativamente bajas.



Los científicos, dirigidos por Kent Walters, aislaron un anticongelante no proteínico de un escarabajo de Alaska tolerante al frío (Upis ceramboides), que puede sobrevivir a temperaturas de menos 60 grados centígrados. Hasta el momento sólo se conocían proteínas que evitaran el desarrollo del hielo. En los insectos, el anticongelante probablemente ayuda a aumentar la supervivencia a bajas temperaturas al mantener los cristales de hielo pequeños, evitando así los daños en los tejidos.



Además, las moléculas anticongelantes parecen asociadas con membranas celulares, donde podrían ayudar a evitar que el hielo fuera de las células congelara el líquido interior y evitar los daños en las membranas celulares a bajas temperaturas. El interior celular no se congelaría ni lisaría la célula al estar congelada a nivel de la membrana plasmática.



Según explican los investigadores, se han observado evidencias de grandes moléculas anticongelantes en muchas plantas, animales, bacterias y hongos, pero la mayoría de los factores responsables se desconocen. Los autores sugieren que en vez de buscar sólo proteínas, los investigadores deben ahora ampliar la búsqueda para incluir factores no proteínicos también.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

ADAPTARSE O MORIR

Un gen protege a una tribu de enfermar por causa del canibalismo.



Fuente: Publico.es
Foto: nutrición y tecnología de los alimentos



Algunos nativos de una tribu de Oceanía que realizaba rituales caníbales hasta 1950 desarrollaron una variante genética que les protegió contra una enfermedad similar al mal de las vacas locas.


Durante muchas generaciones, los fore de Papúa Nueva Guinea se comían a sus muertos como muestra de luto. Las mujeres y los niños ingerían el cerebro de sus familiares fallecidos, lo que les hizo mucho más propensos a sufrir el kuru, una encefalopatía similar al mal de las vacas locas y a su versión humana, la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob.


Las encefalopatías pueden ser hereditarias o provocadas por unas proteínas muy resistentes llamadas priones, que se acumulan y multiplican en el cerebro de personas o animales infectados.


Los responsables del estudio, publicado en New England Journal of Medicine, han encontrado una mutación genética que protege casi totalmente de los devastadores efectos de los priones en el caso del kuru. La llevan sobre todo mujeres de avanzada edad que portan dos copias diferentes de un gen que les hace casi inmunes ante la enfermedad que llegó a eliminar a generaciones enteras de su pueblo. Los responsables señalan que se trata de un caso casi único de evolución humana en respuesta a los efectos de una enfermedad tan peculiar.


"A través de un proceso de supervivencia del mejor adaptado, las personas que llevaban esa variante genética eran inmunes al kuru y sobrevivieron a las epidemias", explica uno de los autores del estudio.


Mead explica que la mutación se desarrolló alrededor de 1800 y se hizo más común a comienzos del siglo XX, cuando se piensa que comenzaron las sucesivas epidemias. "No conozco ningún otro caso que muestre una adaptación tan fuerte y rápida", confiesa.


Los priones que causan el kuru y otras enfermedades similares tienen una forma anormal. Cuando entran en el organismo se unen a otros priones sanos y los transforman, de manera que pasan a ser nocivos. La enfermedad tiene un periodo de gestación muy largo. Al igual que el mal de Creutzfeldt-Jakob, ataca al cerebro y causa temblores, dificultad motora y descoordinación que llevan a la muerte en unos doce meses. La variante genética descubierta por el equipo de Mead impediría que los priones nocivos se unan a los sanos, bloqueando así que se desencadene el kuru.


El equipo obtuvo ADN de la sangre de más de 3.000 individuos de la tribu fore, de los que unos 700 habían participado en rituales caníbales y unos 150 habían muerto a causa de la enfermedad.


La mitad de las mujeres que vivían en la zona más afectada por el kuru llevaban la variante protectora, una mutación del gen PRNP. El análisis genealógico de las familias en las que está presente muestra una protección muy alta e incluso total ante la enfermedad, señala el trabajo.


Anotación mía: ¿Quién dijo que las mutaciones solo producían enfermedad y muerte?

EL PAPEL DE LA VIDA

Transforman una hoja de papel en una "bacteria".




Fuente: EcoDiario
Foto: blog www.pisitoenmadrid.com



Investigadores de la Universidad de Stanford en Estados Unidos han convertido una simple hoja de papel blanco de oficina en una batería eficiente al envolverla con nanotubos de carbono y nanocables de plata. Su trabajo se publica en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS).


Los científicos, dirigidos por Yi Cui, descubrieron que su papel funcionaba mejor que los plásticos revestidos de forma similar en términos de almacenamiento de energía, durabilidad y flexibilidad.


Los investigadores cubrieron una hoja de papel sencilla con una capa fina de nanotubos de carbono o nanocables de plata, que convirtió el sustrato de fibra en un conductor.


Los autores descubrieron que a mayor grosor del revestimiento mayor era la conducción y el mantenimiento de la electricidad del papel. La cobertura se unió al papel de forma más fuerte que si fuera cristal o plástico, obviando la necesidad de adhesivos que disminuyen el funcionamiento del conductor y aumentan los costes de producción.


Los nanotubos de carbono resistían su desprendimiento del papel, debido a su integración con las fibras del papel, y permitían al papel doblarse y enrollarse sin perder su capacidad para conducir una carga eléctrica.


Según apuntan los autores del descubrimiento, el papel recubierto podría fabricarse de forma rápida y muestra potencial como un condensador de alta capacidad o como una batería.

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